jueves, 29 de noviembre de 2012

EL NACIMIENTO DE BELLO

                    
Emisión del centenario / Correo -Venezuela (*)
Desde la última curva del camino, Bello dirigió su última mirada a Caracas; años más tarde, en carta del 17-2-1846 a su hermano Carlos, lo recordaba, nostalgioso: "Tengo todavía presente la última mirada que di a Caracas desde el camino de la Guaira. ¿Quién me hubiera dicho que en efecto era la última? (O.C. t. XXVI, p.117). Se había ido con la esperanza de regresar pronto.
Así fue su salida de Caracas, como adulto joven de 29 años. Iba a Londres, acompañando a Simón Bolívar y a Luis López Méndez, en misión diplomática a Inglaterra, a solicitar el reconocimiento inglés a la independencia declarada por las provincias de la Capitanía General de Venezuela.
Había nacido en Caracas, el 29 de noviembre de 1781. Hijo de Bartolomé Bello, licenciado en derecho, y músico consumado, y compositor de temas religiosos, ejecutante en la Catedral de Caracas, y de Ana Antonia López, hija de don Juan Pedro López, pintor y escultor, cuya obra de motivos religiosos lo proyecta a nuestros días como un consagrado artista de nuestra época colonial.
Sus biógrafos nos lo pintan como un muchacho, a veces alegre, correteando por las riberas del Catuche y del Anauco, a veces retraído, lleno de reflexiones e ideas, producto de sus dedicados estudios. Juan Vicente González, que dejó páginas llenas de admiración sobre Bello, poéticamente resalta la afición de Bello al cultivo de las letras: “Dormido bajo un rosal a las orillas de Anauco, es fama que abejas depositaron en sus la­bios la miel de la palabra”.
Desde su temprana juventud, como hombre inteligente, talentoso y afanoso, fue Bello inclinado al estudio, y pronto visitado por las musas, que le inspiraron en Caracas, poesías de valor que le valieron ya el reconocimiento de poeta de amplio vuelo. Pronto se dedicó al estudio de las lenguas, el latín, convirtiéndose en un latinista reconocido por sus traducciones de Virgilio y Horacio, y el inglés y el francés, que le fueron de utilidad para su misión y, luego, larga permanencia en Londres, donde además estudió en profundidad el griego.
Al obtener con brillo su grado de bachiller en artes, inició Bello sus estudios de derecho y medicina, simultáneamente, en la Universidad de Caracas, sin concluirlos, Y se dedicó luego al trabajo, como oficial  2º de la Secretaría del Capitán General, ganándose el reconocimiento como aventajado funcionario del gobierno colonial.
Desde joven, manifestó Bello atracción por dos actividades a las que dedicó su vida con afán de apostolado: la educación y el periodismo. De su etapa de educador en Caracas se resalta su condición de maestro de Simón Bolívar. De ella dijo más tarde el que ya era el Libertador: “Yo conozco la superioridad de ese caraqueño contemporáneo mío: fue mi maestro cuando teníamos la misma edad; y yo le amaba con respeto”.  Y con el respeto y la deferencia de sus alumnos, en Londres, para subsistir en épocas de poco pan y días amargos (“esa ciudad por tantos títulos odiosa para mí, y por tantos otros digna de mi amor”), y en Chile, ya como supremo guía de la educación de un pueblo, al frente de su Universidad, y con proyección a su América, culminó su vasta obra educativa.
Como periodista, es considerado Bello uno de los primeros periodistas venezolanos. Fue asiduo redactor de la Gaceta de Caracas, creador de revistas periodísticas en Londres, “Biblioteca Americana” y el “Repertorio Americano”, y permanente columnista de “El Araucano”, en sus días chilenos.
De su etapa caraqueña, se le reconocen sus poesías, El Anauco, A la vacuna, Venezuela consolada, Mis deseos, A una artista, Égloga, A un samán, A la Victoria de Bailén, A la Nave; y su Resumen de la Historia de Venezuela, su Análisis ideológico de los tiempos de la conjugación castellana, sus columnas periodísticas, y su experiencia administrativa como funcionario del gobierno colonial.
Este venezolano, nacido en Caracas, y donde vive hasta la edad de 29 años, cuando sale hacia Londres, en 1810, es ya un consumado intelectual. Lleva el bagaje intelectual suficiente, y la habilidad de pensamiento para aprender y crear nuevos conocimientos, que lo convierten en un exitoso hombre de letras, de ciencias  y de humanidades, que en Caracas, en Londres y en Chile lega a la posteridad una vasta obra intelectual, increíble en un solo hombre y en una sola vida.

por:  Gilberto J. López

* 1965 Estampilla de Venezuela. I Centenario de la muerte. Don Andrés Bello 1865-1965. Impresa por Litografía del Comercio, Caracas.

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