domingo, 16 de diciembre de 2012

LA MUERTE DE BOLIVAR


El 17 de diciembre de 1830, en Santa Marta, después de penosa enfermedad, muere Simón Bolívar. El diagnóstico exacto de su deceso, se discute hoy, sin que aún se diga la última palabra. Se espera ahora que con la ayuda de los conocimientos de hoy y los novedosos procedimientos científicos actualmente en boga, se pueda llegar a una conclusión definitiva. 

“Ha muerto el sol de Colombia”, se dijo entonces. Había sido llamado el Libertador, después de haber combatido mucho en distintos escenarios: bélicos, humanos, geográficos, intelectuales, ideológicos y de cumplir la proeza de derrotar al más grande imperio de la época. 

Desaparecía con él una figura controversial, que había disfrutado la admiración de los pueblos que entusiasta y amorosamente se la ofrendaba; y al lado del seguimiento ciego y convencido de sus soldados, guiados por los más leales de sus seguidores, la traición e infidelidad de otros, que trabajaron ardorosamente por el derrumbe de su obra. Amor de muchos, aversión de otros tantos, para ensombrecer los años finales de quien lo había dado todo por el fin que perseguía: su historia en pos de la Grandeza y la Gloria, su gloria de Libertador. Y a pesar de las victorias, el ideal de América como una sola Patria se esfumó. Ruborizado dijo Bolívar: “La independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás”.

Rodeado de hombres, pocos de ellos sus verdaderos amigos, disfrutando del favor de las mujeres, sin querer casarse con ninguna por propio juramento, su existencia fue en verdad la de un hombre solitario. Cuando se acercaba la hora del sepulcro, execrado por todos, proscrito, veía crecer a su derredor la soledad, y en esa convicción murió, después de recibir los auxilios religiosos del obispo Estévez y del cura de Mamatoco, Hermegildo Barranco, fallece a la 1 y cinco minutos de la tarde, rodeado de sus más fieles subalternos. Sólo hombres, sin la compañía femenina, quien había recibido el favor y el fervor de distintas mujeres: solteras y casadas. Al pie del lecho mortuorio estaban: Mariano Montilla, José María Carreño, José Laurencio Silva, Manuel Pérez de Recuero, José de la Cruz Paredes, Belford Wilson, Andrés Ibarra, Juan Glen, Lucas Meléndez, José María Molina y Fernando Bolívar, su sobrino. 

Sus restos, inhumados en la catedral de Santa Marta, permanecieron allí hasta 1842, en que, bajo el gobierno de Páez, fueron trasladados a la Catedral de Caracas. En 1873, Guzmán Blanco los depositó en el Panteón Nacional, desde donde sus cenizas proyectan sobre su pueblo el ideal de la grandeza. Y cumpliéndose cada día el célebre apotegma del cura de Pucará Dr. José Domingo Choquehuanca, el más elogioso homenaje, que es permanente como su gloria.”… Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece la sombra cuando el sol declina”

Hoy podemos decir: Bolívar fue un hombre versátil, que se ajustaba a todas las circunstancias, y sabía sacar provecho de ellas. No se le considera un gran estratega, un gran militar; pero en medio de dificultades, desastres, limitaciones diversas, no fue hombre sujeto a reglas, prescripciones o preceptivas, porque por encima de todo eso fue un hombre excepcional. Genio y brillo, en sus actos, en su pensamiento y en su proyección. Simón Bolívar, el Libertador, para la historia y para el mundo. Tendía su mirada hacia el futuro, trabaja, además del presente, para la gloria, que era trabajar para los tiempos venideros. Hoy se le considera un símbolo: “El símbolo de la libertad”.

por: Gilberto J. López

domingo, 9 de diciembre de 2012

LA VISION DE AYACUCHO EN UNA EPOCA DE CAMBIO

El 9 de diciembre de 1824, en la Pampa de la Quinua, Antonio José de Sucre, comandante del Ejército Libertador Unido, derrota al último gran ejército español en América, comandado por el virrey La Serna. Se consolidaba así la independencia hispanoamericana. Y Sucre, General en Jefe en la plenitud de sus 29 años fue galardonado con el honroso título de Gran Mariscal de Ayacucho, y Bolívar en su honor escribió portentosamente su biografía. Exaltaba así la figura del primero de sus tenientes y definía la gran trascendencia de la victoria obtenida. 

Sabía Bolívar, que venía ahora la gran tarea de construir, de hacer después de trescientos años de coloniaje español, la América nueva, la América como una sola patria, “una nación de repúblicas”. Era la hora de la integración americana, y se dispuso a hacerla, convocando un Congreso Anfictiónico en Panamá, que era materializar un viejo sueño, y convertir al Istmo de Panamá en el centro del Universo. Ya lo había soñado en la Carta de Jamaica. 

Pero las fuerzas internas y externas, obedeciendo a nefastos intereses, coaligadas para que no se cumplieran los deseos de Bolívar, obstaculizaron su realización, y con malsanas intenciones convirtieron sus principios en letra muerta, y el Congreso Anfictiónico fracasó estrepitosamente, y minó las bases de la obra bolivariana. Fue el primer paso para el derrumbe, que el grande hombre pudo ver acongojado antes de morir y decir lleno de desilusión: “He arado en el mar”. Sin que se lograran los grandes objetivos que el genio grandioso de Bolívar preveía. 

Pero quedó vivo el ideal. Generación tras generación se ha venido sosteniendo la idea bolivariana de la integración latinoamericana. Y el sueño de la América como una sola patria pervive en los ideales de muchos. 

Hoy, en época de interesantes cambios para la América Latina, el ideal de la integración, venciendo casi los mismos viejos obstáculos de las fuerzas regresivas, camina con nuevos bríos por los senderos de América. Pampas y llanos, cordilleras, montes y planicies, ríos y riachuelos, el ulular del viento entre los árboles conducen incesantemente el ideal. Se desparrama el sueño, convertido en inevitable materialización. ALBA, CELAC, UNASUR, MERCOSUR, PETROSUR son los nuevos instrumentos, mensajeros de la paz y fuerzas motrices de los nuevos tiempos; son las nuevas herramientas, que en manos de las masas latinoamericanas construirán sólidamente la nueva realidad. Cada nueva victoria electoral en los distintos procesos populares conducidos y que ahora se conducen es paso inevitable hacia un mismo destino. Las masas latinoamericanas de hoy tienen que cumplir el viejo ideal bolivariano: integración y unidad para que cada batalla electoral bajo la sombra augusta de Ayacucho sea un paso decisivo para que los pueblos puedan materializar todos los sueños que Bolívar legara, y se impulsen las grandes transformaciones que la época de cambio del presente está exigiendo, como meta irrenunciable del destino americano: Como una sola América, como una sola Patria. Venezuela de hoy, en nuevos tiempos bolivarianos, no puede apartarse de ese sino.

por:   Gilberto J. López

jueves, 29 de noviembre de 2012

EL NACIMIENTO DE BELLO

                    
Emisión del centenario / Correo -Venezuela (*)
Desde la última curva del camino, Bello dirigió su última mirada a Caracas; años más tarde, en carta del 17-2-1846 a su hermano Carlos, lo recordaba, nostalgioso: "Tengo todavía presente la última mirada que di a Caracas desde el camino de la Guaira. ¿Quién me hubiera dicho que en efecto era la última? (O.C. t. XXVI, p.117). Se había ido con la esperanza de regresar pronto.
Así fue su salida de Caracas, como adulto joven de 29 años. Iba a Londres, acompañando a Simón Bolívar y a Luis López Méndez, en misión diplomática a Inglaterra, a solicitar el reconocimiento inglés a la independencia declarada por las provincias de la Capitanía General de Venezuela.
Había nacido en Caracas, el 29 de noviembre de 1781. Hijo de Bartolomé Bello, licenciado en derecho, y músico consumado, y compositor de temas religiosos, ejecutante en la Catedral de Caracas, y de Ana Antonia López, hija de don Juan Pedro López, pintor y escultor, cuya obra de motivos religiosos lo proyecta a nuestros días como un consagrado artista de nuestra época colonial.
Sus biógrafos nos lo pintan como un muchacho, a veces alegre, correteando por las riberas del Catuche y del Anauco, a veces retraído, lleno de reflexiones e ideas, producto de sus dedicados estudios. Juan Vicente González, que dejó páginas llenas de admiración sobre Bello, poéticamente resalta la afición de Bello al cultivo de las letras: “Dormido bajo un rosal a las orillas de Anauco, es fama que abejas depositaron en sus la­bios la miel de la palabra”.
Desde su temprana juventud, como hombre inteligente, talentoso y afanoso, fue Bello inclinado al estudio, y pronto visitado por las musas, que le inspiraron en Caracas, poesías de valor que le valieron ya el reconocimiento de poeta de amplio vuelo. Pronto se dedicó al estudio de las lenguas, el latín, convirtiéndose en un latinista reconocido por sus traducciones de Virgilio y Horacio, y el inglés y el francés, que le fueron de utilidad para su misión y, luego, larga permanencia en Londres, donde además estudió en profundidad el griego.
Al obtener con brillo su grado de bachiller en artes, inició Bello sus estudios de derecho y medicina, simultáneamente, en la Universidad de Caracas, sin concluirlos, Y se dedicó luego al trabajo, como oficial  2º de la Secretaría del Capitán General, ganándose el reconocimiento como aventajado funcionario del gobierno colonial.
Desde joven, manifestó Bello atracción por dos actividades a las que dedicó su vida con afán de apostolado: la educación y el periodismo. De su etapa de educador en Caracas se resalta su condición de maestro de Simón Bolívar. De ella dijo más tarde el que ya era el Libertador: “Yo conozco la superioridad de ese caraqueño contemporáneo mío: fue mi maestro cuando teníamos la misma edad; y yo le amaba con respeto”.  Y con el respeto y la deferencia de sus alumnos, en Londres, para subsistir en épocas de poco pan y días amargos (“esa ciudad por tantos títulos odiosa para mí, y por tantos otros digna de mi amor”), y en Chile, ya como supremo guía de la educación de un pueblo, al frente de su Universidad, y con proyección a su América, culminó su vasta obra educativa.
Como periodista, es considerado Bello uno de los primeros periodistas venezolanos. Fue asiduo redactor de la Gaceta de Caracas, creador de revistas periodísticas en Londres, “Biblioteca Americana” y el “Repertorio Americano”, y permanente columnista de “El Araucano”, en sus días chilenos.
De su etapa caraqueña, se le reconocen sus poesías, El Anauco, A la vacuna, Venezuela consolada, Mis deseos, A una artista, Égloga, A un samán, A la Victoria de Bailén, A la Nave; y su Resumen de la Historia de Venezuela, su Análisis ideológico de los tiempos de la conjugación castellana, sus columnas periodísticas, y su experiencia administrativa como funcionario del gobierno colonial.
Este venezolano, nacido en Caracas, y donde vive hasta la edad de 29 años, cuando sale hacia Londres, en 1810, es ya un consumado intelectual. Lleva el bagaje intelectual suficiente, y la habilidad de pensamiento para aprender y crear nuevos conocimientos, que lo convierten en un exitoso hombre de letras, de ciencias  y de humanidades, que en Caracas, en Londres y en Chile lega a la posteridad una vasta obra intelectual, increíble en un solo hombre y en una sola vida.

por:  Gilberto J. López

* 1965 Estampilla de Venezuela. I Centenario de la muerte. Don Andrés Bello 1865-1965. Impresa por Litografía del Comercio, Caracas.

Descargar en PDF:      





viernes, 9 de noviembre de 2012

JOSÉ MARÍA SUCRE Y ALCALÁ.

En esta fecha (9-11-1783) conmemoramos el natalicio de este formidable baluarte de la emancipación americana. Nació en Cumaná el hijo primogénito de don Vicente de Sucre y García Urbaneja, y doña Maria Manuela de Alcalá y Sánchez. Estudio en Cumana, en el Convento de San Francisco y luego abrazo la carrera de las armas.


Se destaca a los 27 años con el grado de capitán de Usares de Fernando VII, entre los principales revolucionarios de 1810 en Cumaná y Barcelona. 

Es auxiliar de su padre en la expedición sobre Barcelona en 1812, y se destaca en el movimiento emancipador de esa provincia ese mismo año; participando en el derrocamiento de la Junta de gobierno parcializada por el gobierno imperial instalada por la fracción realista; y por ende participa en el nombramiento de una Junta Patriótica en el propio Ayuntamiento Barcelonés, conformada por el mismo y José Antonio Anzoátegui, José Godoy, Juan Antonio Filipino, y Manuel de Guevara; y de inmediato procedieron al nombramiento de la Junta de Gobierno de la provincia de Barcelona, conformada por los patriotas; José Antonio Freites de Guevara, Fr. Pérez Carvajal y Fr. Pedro Ramón Godoy, y Pedro José Trias, Augusto Arrioja y Manuel Matamoros; los cuales eligieron gobernador al Dr. Francisco Espejo, Capitán General a Ramón García de Sena y el capitán José Antonio Anzoátegui, en la Jefatura Militar.

Derrocada esta Junta de Gobierno viaja Trinidad con sus hermanos Teniente Gerónimo José y Comandante de Ingenieros Antonio José de Sucre y Alcalá. 

En 1813 forma parte de los 45 expedicionarios que bajo las órdenes de Santiago Mariño, emprendieron desde Trinidad, la liberación de Venezuela, y bajo su mando hizo toda la campaña del año 13, hasta el triunfo definitivo del General Santiago Mariño, con la liberación de las provincias de Cumaná, Margarita y Barcelona, ganándose entonces los galones de Coronel. 

El Coronel José María Sucre y Alcalá, se casó en Barcelona con doña Ana Josefa Hernández, de esa ciudad, donde formó una gran familia que dejó a la Patria ilustres y distinguidos ciudadanos. 

En 1847 fue nombrado en Cumaná, Guarda Almacén Extraordinario de Artillería. Murió lleno de méritos en Cumaná, en 1855. Sus restos reposan en una humilde tumba en el cementerio principal de Cumaná.


por: Ramón Badaracco

sábado, 3 de noviembre de 2012

JOSÉ CARLOS PEÑALOSA


En esta fecha (3-11-1793) recordamos al comandante JOSÉ CARLOS PEÑALOSA LÓPEZ. Mártir de la Patria. Nació en esa fecha en Cumaná, hijo de don Juan de Dios Peñalosa, portugués casado en Cumaná con doña Inés María López de Arjona.

El comandante Peñalosa, a los 17 años, con el grado de teniente, participó activamente, desde un principio, en los eventos revolucionarios de 1810. En medio del despotismo implantado en Cumaná por Cervériz, logra en 1812, viajar a la Isla de Trinidad con los hermanos Sucre y se una a Santiago Mariño. Forma parte de los 45 héroes que iniciaron la campaña libertadora de 1813, liderada por ese héroe leyendario, el General Santiago Mariño, que partiendo de la Isla de Trinidad y desembarcando por Güiria logra la proeza de libertar a todo el oriente venezolano, la Provincia de Nueva Andalucía.

Se destaca Peñalosa por su valor y arrojo en la primara de Maturín bajo el mando de Bernardo Bermúdez, y luego en la jornada victoriosa hasta Cumaná, combatiendo contra miles de tropas realistas esparcidas por todo nuestro territorio, bajo el mando del también invicto General Manuel Carlos Piar. Se calcula que los reales tenían más de 8000 soldados bien entrenados y equipados.

Hizo toda esta jornada libertadora, la gran campaña de la liberación de Oriente, de triunfo en triunfo desde Chacachacari hasta Cumaná; brilló también el año 14, año trágico para la causa patriota, cuando más se necesitaba de los líderes de la emancipación, peleando contra Cerveriz, Gavasso, Suazola, Fernández de La Hoz y el invicto José Tomás Boves, en las batalla del Salado y Urica, donde pudo verlo herido del lanzazo mortal del indio Saraza.

Luego en 1814, se unió a Domingo Montes y a Villarroel en Cumanacoa y participó activamente en las guerrillas, único vestigio del poder patriota. Su nombre glorioso fue clarín de las victorias, se gritaba en las trincheras y se cantaban sus hazañas 

Fue apresado después de la batalla de Rio Caribe, el primero de septiembre de 1815. Condenado a morir, aceptó su destino con serenidad. Fue un guerrero egregio, de augusta presencia, altivo y sereno, sin vacilaciones, como lo fue en vida. Digno hasta la muerte, y ser otro mártir de la Patria.

Él, como el coronel José Ribero, murió fusilado en Cumaná, en la plaza de San Francisco, por orden ejecutada por el frío comandante Aldama, por orden de don Pablo Morillo. Su cuerpo fue mutilado, desmembrado y repartido en lugares visibles de la ciudad, como escarmiento para los audaces y heroicos paladines que se multiplicaban en todo el territorio de la Capitanía General de Venezuela.

Hombres como Peñalosa le dieron sentido a la guerra emancipadora. Espera el bronce que eternice su valor y su grandeza. 


por: Ramón Badaracco

martes, 23 de octubre de 2012

Aparece el Libro 2° de Actas del Congreso constituyente de 1811

Tal día como hoy, el 23 de Octubre de 1907, Francisco González Guinán (*)  encuentra el Acta de la Independencia de Venezuela, perdida desde 1812. 

En sus memorias hace referencia al libro que escribió sobre ese fortuito acontecimiento (1).  Relata que en la ciudad de Valencia, el Sr. Ricardo Smith, su amigo y colaborador, estando de visita  en casa de la Sra. María Josefa Gutiérrez (viuda de Spinola), observó un libro grande de aspecto vetusto, colocado sobre un mueble. 

"...Lo tomo en sus manos, y al abrirlo vio que contenía actas del Congreso de 1811. Entonces dijo a la señora, con quien cultivaba estrecha amistad: Présteme usted este libro para que de él tome notas mi amigo el Dr. González Guinán, que está escribiendo la historia de Venezuela. La señora concedió.

A las 10 de la mañana del 23 de octubre nos reunimos Smith y yo en la sala de su casa de habitaciones, situada en el barrio de Candelaria. «Aquí esta el libro», me dijo, mostrándomelo colocado sobre la mesa de mármol cercana a la puerta de la antesala; y luego me agregó:  «contiene también el original del Actas de Independencia» 

Mi sorpresa fue extraordinaria. Abrí el Libro y aceleradamente me impuse de su contenido. A medida que lo ojeaba ensanchábase mi corazón, y algo así como un vértigo invadía mi cerebro. Era el vértigo del patriotismo. ... Entonces dije a mi amigo: Ricardo, este Libro no es tuyo, no es de la señora Navas Spínola, no es mío, porque es de todos los venezolanos; y ya que la Divina Providencia ha querido que por tu valiosa mediación venga a mis manos, de ellas habrá de pasar a la Patria, su única propietaria, representada por su primer Magistrado, Señor General Castro. Además, soy miembro de la Academia Nacional de la Historia y por disposición del gobierno escribo actualmente la historia de Venezuela, y es con ese doble carácter que tomo este Sagrado Libro"

González Guinán, quien había roto relaciones con el presidente Cipriano Castro desde 1904, consideró prudente comunicar la buena nueva al citado Presidente. Refiriéndose al libro antes publicado; cuyo prólogo el creyó prudente citar al escribir su obra póstuma (2), y yo creo igualmente necesario traerlo a colación para conmemorar la efemérides de ese descubrimiento:

"Prólogo.

El providencial hallazgo del Libro 2° de las actas del célebre Congreso Constituyente de Venezuela de 1811, en el cual se encuentra el Acta solemne de la Independencia, ha producido en el país una poderosa y universal impresión de júbilo patriótico. Autoridades y ciudadanos han celebrado el suceso. La prensa lo ha divulgado y comentado. El entusiasta Presidente de la República le ha otorgado la debida importancia y ordenado el digno y patriótico destino del Magno Libro; y el Presidente de Carabobo, rindiendo tributo a las glorias patrias, dispone que los talleres tipográficos del Estado recojan en un volumen todo cuanto se ha escrito, oficial y particularmente con referencia al 
providencial hallazgo. 

El lector encontrará, pues, en la presente publicación todo lo que he podido recopilar, desde mi anuncio al Sr. Presidente y Restaurador de Venezuela, hasta las felicitaciones que bondadosamente me han sido dirigidas por la parte que en el suceso me asignó la Divina Providencia. Es posible que haya omisiones, porque no han llegado a mi poder todos los periódicos que del asunto se ocuparon. 

El Acta original de nuestra independencia nacional venía perdida desde 1812, varias publicaciones se habían hecho de ella, desde la que apareció en las columnas de El Publicista Venezolano, número 2, correspondiente al 11 de julio de 1811. En todas las actas publicadas del Texto de la célebre Declaratoria aparece igual, pero hay disparidad en el número de los firmantes, circunstancia que denunció en un opúsculo publicado en Caracas en 1884 el acucioso e ilustrado Señor Dr. Arístides Rojas. .... "


(1) Hallazgo Del Acta Solemne de Independencia de Venezuela y de Otras Actas Originales. Caracas, 1909.
(2) Mis Memorias. Caracas, 1964.
(*) Mi bisabuelo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Lope de Aguirre, llega a Barquisimeto


Lope de Aguirre
El 22 de Octubre de 1561, Lope de Aguirre luego de dejar la Isla de Margarita sumida en el desconcierto y el terror, llega a Barquisimeto.  Aguirre a su llegada a Borburata estaba acompañado de «160 arcabuceros, 20 negros que son los ejecutores de sus crueldades, 200 indios, hombres y mujeres, 6 piezas de artillería de bronce, gran cantidad de municiones, pólvora y salitre». Venía por el camino de las serranías de la Villa Rica de Nirgua, de donde habían huidos todos sus pobladoras, buscando protección  junto a las tropas del "gobierno". García Paredes (1)  reforzado con las milicias locales, había asentado su Campo y Real en las barrancas del río Buría; Aguirre toma para sí la casa de Damián del Barrio; donde se apertrechó.  Los "marañones" lo abandonan en grupo, La Ira de Dios,  El Peregrino, Príncipe de la Libertad, muere pocos días después a mano de dos de sus hombres de mayor confianza; y solo él con su muerte paga las fechorías de todos.

1) El fundador de Trujillo, García de Paredes fue hijo del «Sansón de España». Luego de la muerte de Aguirre embarca hacia Castilla para reclamar al Rey prebendas y recompensas por el desbaratamiento y muerte de Aguirre, alegatos que también pretende el Gobernador de la Provincia de Venezuela Pablo Collado. Fueron a disputas legales tanto por el reconocimiento como por los despojos, y botín recuperados a Aguirre, entre ellos su estandarte.

Cipriano Castro, entra a Caracas
Tres siglos después  el 22-10-1899, luego de una impecable campaña militar iniciada en la frontera con Colombia, Cipriano Castro entra triunfante en Caracas por la vía de Palo Grande, sin disparar un tiro, debido a la huida inesperada del Presidente Andrade. Llamado a su vez “el mono”, “el loco”, “el tirano”, “el bandido”, "El cabito". Con un programa de nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos, viene Castro, el jefe de la llamada Revolución Liberal Restauradora. Gobernaría el país hasta 1908, cuando es traicionado y sustituido por el General Juan Vicente Gómez; su compadre de mayor confianza.


LA REVOLUCION RESTAURADORA


 El 22 de octubre de 1899 llega a Caracas Cipriano Castro con sus huestes armadas, había salido el 23 de mayo, desde la raya fronteriza con Colombia hacia el centro del país, con la esperanza de alcanzar el poder. Ese movimiento que en nuestra historia se ha llamado la invasión de los sesenta inicia la revolución: “La Restauradora”, bajo el lema de “Nuevos hombres, nuevos ideales y nuevos procedimientos”. Era la respuesta que desde los Andes se daba a la crisis suscitada por las pugnas que llevaban al fin del guzmancismo. 

Lo más importante de esta acción es, como su consecuencia, la implantación de una nueva etapa en la vida nacional, que se ha denominado la “hegemonía andina”, y la amalgama en ella de un régimen militar fuerte con el capital foráneo, que buscaba ansioso aposentarse en el país, cuyos resultados jamás nadie se los imaginó cuando se levanta como figura dominante el segundo de la insurgencia, que a la postre llegó a ser el Benemérito General en Jefe Juan Vicente Gómez Chacón. Para la historia, en ese movimiento venían tres presidentes para el país: Castro, Gómez y López Contreras. 

Al paso victorioso del ejército castrista, sin mucho obstáculo, por la región andina hasta la batalla final en Tocuyito, Carabobo, las viejas oligarquías, valenciana y caraqueña se apresuraron a recibir al vencedor y se dispusieron a lograr beneficios del nuevo amo del poder rodeándolo y adviniéndose a los deseos y caprichos del nuevo caudillo. 

El inicial desagrado causado en la población caraqueña por la llegada de los jinetes montañeses de distintas costumbres y facha fue acrecentándose hasta la repulsa, que se incrementó con el transcurso del tiempo, cuando surgen desavenencias con el nuevo jefe por su conducta desenfrenada y su carácter irascible y atrabiliario. Era común en los inicios de ese tiempo la muerte de soldados andinos y caraqueños, que el presidente Castro expresó tajantemente: “ni cobro andino ni pago caraqueño”. Pronto los viejos caudillos multiplican sus conflictos y se crea la necesidad de desplazar al presidente Castro. Gómez como lugarteniente de Castro sale a combatir a los viejos caudillos, y paulatinamente los fue derrotando hasta imponer la pacificación del país. La situación se agrava cuando el cobro compulsivo de deudas por países extranjeros llevó al bloqueo de nuestras costas por esos países acreedores. La situación fue entonces superada, pero quedó el descontento foráneo con el régimen. Los desafueros de Castro en su vida licenciosa con el tiempo minaron su salud y tuvo la necesidad de salir al exterior en busca de alivio, ocasión aprovechada por las fuerzas opositoras, que vieron en Gómez el hombre de las circunstancias para una transitoriedad y lo auparon para entronizarlo en el poder. 

Gómez, sin embargo, con laureles militares propios y una acertada visión de la Venezuela de su época se dispuso a ejercer el poder, y para desesperación de quienes aspiraban a una transición se asentó como amo del país por 27 años, configurando lo que se ha llamado la Venezuela Gomecista. 

La consecuencia más significativa de la revolución Restauradora es que con ella irrumpe una región cuya presencia completa el panorama geohistórico del país. Al romperse el aislamiento por las condiciones de difícil comunicación de una vasta región, su incorporación es no sólo presencia física sino el ahondamiento del proceso de mestizaje biológico y cultural de la etnia andina con las etnias ya mestizadas de otras regiones de nuestra geografía. Centrales, llaneros, orientales, corianos, andinos no son simples términos de gentilicios, se refieren a regiones históricos- culturales, que en su intenso trasvase de una a otra parte configuran la nueva base étnica de la nueva Venezuela. 

Con la hegemonía andina, se agudizan las caracterizaciones de una época llevándola a su máxima expresión, para que exhaustos sus rasgos dominantes, puedan dar paso a nuevos rasgos emergentes que configuran una nueva época: la Venezuela capitalista y neocolonial.

por: Gilberto J. López

domingo, 21 de octubre de 2012

Un gran terremoto destruye Cumaná

El 21 de Octubre de 1766, un gran terremoto deja en ruinas a la Ciudad de Cumaná.

Teatro en ruinas; litografía de Cumaná de H. Neum, 1878; detalle.
Este violento terremoto destruyó y dejó en muy mal estado las edificaciones y la mayoría de las iglesias de Cumaná, entre ellas: El templo de "Santa Inés", "la Purificación de Nuestra Señora", el de "Nuestra Señora de Altagracia" (El Salado); efectos parecido sufrió la "Parroquial de la Natividad de Nuestra Señora de  Cumanacoa"  y los templos de la isla de margarita. La peor consecuencia de este terremoto fue la viruela, que se desató en epidemia por toda la provincia. 

En 1799,  el Varón Alejandro de Humboldt,  tres años después de aquel funesto y gran terremoto, lo refiere en base a las indagaciones personales que adelantó entre los habitantes de Cumaná. Humboldt es testigo del estado ruinoso en que aún se encontraba la ciudad, estado que se prolongó hasta ya avanzado el siglo XIX: 

"Sábese tan sólo que en tiempo más inmediato a nosotros, el del año 1766 fue a una vez el más funesto para los colonos y el más notable para la historia física del país. Desde hacía quince meses habíase mantenido una sequía semejante alas que se experimentan de vez en cuando en las islas de Cabo Verde, cuando el 21 de octubre de 1766 fue enteramente destruida la ciudad de Cumaná.  Renuévase todos los años la memoria de ese día con una  fiesta religiosa acompañada de un procesión solemne  En el lapso de pocos minutos hundiéronse todas las casas y repitiéronse las sacudidas durante catorce meses de hora en hora. En varias partes de la provincia se abrió la tierra vomitando agua sulfurosa. Estas erupciones fueron frecuentes sobre todo en la llanura que corre hacia Casanai, dos leguas al Este de la ciudad de Cariaco, conocida con el nombre de tierra hueca, porque parece enteramente minada por fuente termales, Durante los años 1766 y 1767 los habitantes de Cumaná acamparon en las calles, y empezaron a reconstruir sus casas cuando no se sucedieron sino de mes en mes los temblores de tierra. Sucedió entonces en estas costas lo que se experimentó en Quito inmediatamente después de la gran catástrofe del 4 de febrero de 1797. Mientras que oscilaba de continuo el suelo, parecía la atmósfera resolverse de agua. Fuertes aguaceros hicieron henchirse los ríos; fue el año sumamente fértil; y los indios, cuya frágiles cabañas resisten fácilmente las más fuertes sacudidas, celebraban, según las ideas de una vetusta superstición  con fiestas y con danzas  la destrucción del mundo y la época próxima de su regeneración." (Humboldt, Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, t. I).

viernes, 19 de octubre de 2012

Domingo Montes Malaret

Domingo Montes / Plaza Cumanacoa
Recordamos hoy (19-10-1818) al general Domingo Montes Malaret en una de sus acciones de guerra. Una División de Santiago Mariño, bajo su mando es derrotada en Cariaco, por el coronel español Agustín Noguera. En esos tiempos Mariño no se entendía con el Libertador. Dice Baralt, que Mariño por no seguir las instrucciones del Libertador, tomó el camino de Caripe en lugar de hacerlo por Cumanacoa, para atacar Cariaco. Mariño además ordenó atacar con un solo batallón teniendo un ejército de 1500 hombres, y fue derrotado y desbandado. Dejó 300 cadáveres, perdió casi todo el parque y dejó muchos prisioneros. La pérdida en esta batalla fue tan inesperada y costosa, que el Libertador tuvo que suspender su campaña para liberar a Caracas, y lo obligo a volver hacia Guayana, lo que en definitiva fue grandioso. 

Nació el General Domingo Montes Malaret, en la calle Las Infantas hoy calle “URICA” del histórico barrio de San Francisco en la ciudad de Cumaná, el día 1 de noviembre de 1784. He aquí el texto de su partida de bautizo: 

“En cuatro días del mes de diciembre de 1784, el presbítero don Antonio Padilla, Vicario de cura de la iglesia parroquial del Carmen del populoso barrio de Santa Inés de Cumana, certificó, que en ella con licencia del quinto cura semareno y con mi asistencia, el representante FR. Manuel Mendisabal, religioso del orden del P.P, bautizo solemnemente, puso óleo y crisma, a Domingo hijo legitimo de Domingo Montes y Rita Malaret, quien nació en día 1º de noviembre de 1784. Fueron sus padrinos Fr. Manuel Mendizábal y María Malaret, habiendo quedado hecho cargo de mi obligación y parentesco. Y para que conste lo firmo y doy fe. Pedro Antonio Padilla. 

Brillante fue la carrera de Domingo Montes, durante varios años el destacado paladín, a quién los españoles apostrofaban llamándolo “El Diablo” porque disque cuando le disparaban las balas se desviaban; héroe sin par, de nuestra guerra magna, dotado de una clara visión de la guerra, podríamos decir, de olfato muy fino, y un carácter unido a su inteligencia, respetada por Bermúdez y el propio Libertador, cuando se trataba de defender el teatro de sus operaciones, porque su actuación especialmente en el oriente de la república, se destaca entre la pléyade de sus más valientes hijos. 

Sus destacados servicios militares al lado de los brillantes generales en jefe, José Francisco Bermúdez, Santiago Mariño, Antonio José de Sucre, Francisco Vicente Parejo y Bernardo Bermúdez, no desdicen en ningún momento, los honores y favores que obtuvo de las armas patriotas, que lo elevaron al rango de General de Brigada del Ejército Libertador de América, como una de sus grandes figuras. 
El Municipio Montes, capital Cumanacoa, lleva con orgullo el nombre glorioso, del indomable guerrero. Aquel gladiador invencible comparado con el Cid Campeador, el más famoso guerrero de la España Inmortal, porque durante los años más difíciles de la guerra de independencia, en continuas campañas llenas de proezas y singular heroísmo, mantuvo la antorcha de la libertad derrotando a los españoles y enloqueciendo al Capitán General don Tomás de Cires, que en un rapto de locura ordenó la destrucción de los templos coloniales e incendio los pueblos de este Municipio, crimen que pagó con su vida cuando cayó en manos del General Bermúdez en 1821. 

A Domingo Montes se le han rendido en Venezuela grandes honores y su alma inmortal debe sentirse amada por este pueblo venezolano. Sus restos reposan al lado de Bolívar y Bermúdez, y cientos de héroes en el Panteón Nacional. Un Municipio del Estado Sucre, lleva el nombre del valiente paladín. En Cumaná, la histórica y antigua calle Belén ostenta el nombre de Domingo Montes, porque en esa calle se veló su cadáver; Un cantón de la antigüedad provincia de Maturín, creada por la ley de división territorial del 28 de abril de 1856, llevaba el nombre del General Domingo Montes; en la pinacoteca que posee el Salón de Recepción de la ilustre municipalidad del Municipio Sucre, en Cumaná, se encuentra un oleo del recordado héroe; Y en el Municipio que lleva su nombre, teatro de sus más importantes acciones militares, una plaza con su busto en bronce, eterniza sus proezas y su amor a la Patria, porque siempre estuvo dispuesto a sacrificar su vida y derramar su última gota de sangre por su libertad. 

El batallón Domingo Montes, fue creado en 1981 junto a la Escuela de Operaciones Especiales, quedando asignado a esta, hasta 1986 que fue acantonado en el fuerte Guaragua en El Guri, Estado Bolívar, y encuadrado en lo que es hoy la 5ta. División de Infantería de Selva (C.G. Ciudad Bolívar). Posee una altísima efectividad de despliegue al ser trasladado en solo horas a la frontera venezolana cuando la situación lo amerita. 

Entre sus funciones está la de neutralizar, destruir y hostigar la retaguardia enemiga, sus líneas de suministros, bases y líneas de avance haciendo uso máximo de su fuerza y recursos. Posee presencia permanente en las fronteras venezolanas y actúa en conjunto con los Teatros de Operaciones, en acciones Contra Insurgencia y otras que sean requeridas según sea el caso. Este batallón fue escogido para actuar durante la crisis generada por la incursión de la corbeta colombiana Caldas al territorio venezolano en agosto de 1987. La misión que le fue asignada a esta unidad, fue la de incursionar por vía aérea a la Guajira colombiana y preparar el terreno para el ataque de tropas venezolanas en la zona. A pocas horas de ejecutarse la incursión, la misión fue cancela a raíz del retiro de las naves colombianas de las aguas del Golfo de Venezuela. 

El 507 Batallón de Fuerzas Especiales Coronel Domingo Montes ha participado en ejercicios conjuntos con sus homólogos franceses además de Estados Unidos, Colombia, Brasil, Guatemala, Bolivia y otros países. El propósito de este intercambio es conocer las técnicas de supervivencia y de combate en selva ecuatorial de cada parte, con el fin de aprovechar y compartir la experiencia y la pericia mutua, además de que las fuerzas venezolanas especiales desarrollan un nivel de expertos y son líderes en este ámbito. Esta capacidad venezolana justifica el interés que despierta en el ejército francés y de otros países que acuden de manera regular a capacitar sus miembros en Operaciones Especiales en nuestro territorio. El constantemente entrenamientos de sus profesionales le ha permitido su especialización y competencia. 

Un día triste para la Patria, fue el 28 de septiembre de 1827, cuando fue asesinado en Cascajal, sitio despoblado de la antigua provincia de Cumana, el general Domingo Montes, víctima de los hermanos Castillo, en los avatares de la guerra civil, cuando apenas se apagaba, en el aire conmovido del viejo solar de la epopeya emancipadora, el eco de los últimos disparos; y de las primeras asonadas que agitaron la vida de la república después de aquella épica jornada. 

Domingo Montes como Sucre, pasó sin manchas a la posteridad, con el relieve histórico de sus hazañas, blasón esclarecido de la lucha por la independencia; timbre de orgullo para la heroica Cumaná que es como decir Cumanacoa, porque no hay diferencias entre nosotros porque somos pueblos hermanos. La muerte de Montes ocurrió conforme aparece en la comunicación que el mismo Mariño dirigió a Páez el día del trágico acontecimiento. “Ahora que serán las cinco de la tarde he recibido el porte que habiéndose separado el señor Coronel Domingo Montes, con solo cuatro dragones con dirección a esta plaza, encontró, como a media lengua distante de ella, una partida de faccioso que le dieron muerte. Este suceso ha sido altamente sensible a todo el cuerpo de las Fuerzas Armada. No ha sido menos a esta Comandancia General, ya que por las buenas circunstancias que adornaban aquel jefe como por la notable falta que nos hace en la presente crisis de consternación en que se encuentra esta ciudad y tantos que en estos momentos apenas encuentro un buen oficial que le suceda” Santiago Mariño. La partida de defunción: en el cemento de esta santa iglesia parroquial de nuestra señora de Altagracia el 29 de septiembre de 1827, se dio sepultura eclesiástica al cadáver del coronel Domingo Montes, fue su entierro con oficio alto no recibió sacramento, porque murió fusilado improvisadamente en una emboscada de los facciosos; para que conste firmo. MAESTRO MARTIN COVA.

Esta partida de defunción se encuentra en el libro segundo general castrense, correspondiente 1799 y 1827, en el archivo de la iglesia parroquial de SANTA INES, Fue publicada en el número 14 del “Republicano de Cumaná” en junio de 1910


por: Ramón Badaracco


martes, 16 de octubre de 2012

BATALLA DEL SALADO


Hoy (16-10-1814) recordamos esa fecha épica, cuando el formidable jefe español general José Tomás Boves, al frente de 3000 hombres derrotó al indomable general Manuel Carlos Piar, escogido como jefe de las fuerzas patriotas de Cumaná, para dirigir aquella batalla en la cual se jugaba la vida y la libertad de toda la Provincia, y en el cual se depositó toda la confianza del ejercito. Piar estaba considerado como el mejor general del ejército patriota; gozaba de los méritos de la épica jornada de la liberación de todo el oriente. Invicto al frente de las fuerzas de Mariño; y salió al paso del belicoso Boves en las sabanas del Salado, tratando de impedirle la entrada a la ciudad de Cumaná. Se necesitaría la pluma de Omero, para narrar la batalla. 

El bárbaro José Tomás Boves, entra a “sangre y fuego” en la ciudad de Cumaná; 3000 jinetes contra 1500, la mayor parte de infantería. Piar sale a su encuentro, acompañado de un formidable Estado Mayor, y contando con los mejores guerreros orientales: José Francisco Bermúdez, Domingo Montes, José Maria, Gerónimo y Antonio José de Sucre, José Gabriel y José Miguel de Alcalá, Andrés Rojas, Armario, los hermanos Ortiz, Azcue, José Ribero, José Carlos Peñaloza, Francisco Mejía, Vicente Parejo, el indio Zaraza, José Garbán, Domingo Román, Juan José Quintero y sus hermanos, como jefes de batallones y cien nombres más para la historia. El combate se desarrolla entre el brazo occidental del rio Chiribichii, los profundos caños, los humedales y manglares propios de la zona, y la sabana que se extendía por todo el nor-oeste de Cumaná; Piar emplea toda las fuerzas de la ciudad, a cuyo frente está el general en jefe Vicente de Sucre y García Urbaneja; los trece fuertes de la ciudad vomitan el fuego de sus 40 cañones, contra el enemigo, pero sin mayor fortuna; aquellos invasores tenían todo previsto; era una fuerza arrolladora, incontenible y una quinta columna dentro de la ciudad que fue ejecutando un plan preconcebido para silenciar las defensas, cuyo éxito se hizo evidente cuando los patriotas abandonaron la ciudad.

En el campo de batalla se inmolan los mas virtuosos paladines que se lanzan contra las mortíferas lanzas de los endiablados llaneros; esos héroes anónimos que tratan de contener el avance de Boves exponiendo sus cuerpos al martirio. Cientos de jóvenes rindieron sus vidas por la libertad de su pueblo. Piar nunca creyó en el fracaso, abrió sus fuerzas en pequeños grupos de fusileros y le impide el paso durante 9 sangrientas horas, con doble propósito, desgastarlo y si ello no fuese posible entonces que los patriotas abandonen la ciudad, como en efecto se logró. Sabiéndose perdido, pero cumplido su propósito, abandona el combate y sale para Margarita con la mayor parte de sus oficiales. Los hermanos Sucre con Bermúdez y muchos más van hacia Maturín. 

Boves, el sanguinario campeón de España entra a Cumaná, después de arruinar a Barcelona, bañándola en sangre y fuego; en Cumana sacrifica al pueblo realista que sale a recibirlo. Ríos de sangre corren por sus calles; en la iglesia del Carmen son acuchilladas quinientas mujeres por las hordas de Boves. Según cuenta el propio capellán de su ejército, el padre Llamozas, la mayor parte partidarias del realismo. Se calcula en 2000 el total de sacrificados. Vicente, hermano del Mariscal, y otra hermana, Magdalena, que luchó al lado de Piar, se contaron entre los muertos.

Boves desalojó a la familia Sucre de su casa en la cabecera del puente Urrutia, y la tomó como su residencia.

Nombró Gobernador a don GASPAR MIGUEL DE SALAVERRIA. Coronel cumanés de 36 años. Despachó como gobernador político y militar después que Boves protagonizó la desastrosa toma de Cumaná, desde el 16 de octubre de 1814, y se mantuvo en el poder hasta el 30 de abril de 1815. Período considerado como el más dramático de nuestra historia, cuando las calles enrojecieron con miles de muertos y el espanto se apoderó de todos, y si le damos crédito al vicario del caudillo asturiano, que dice que entraron los caballos a la iglesia parroquial y asesinaron a más 500 personas que se habían refugiado en ella. Después invitó a un baile, en la casa de la familia Andrade, y mando matar a los músicos entre los cuales estaba Juan de Landaeta, autor de la letra del que fue después himno nacional. El gobernador estuvo entre los delatores de los patriotas apresados por Cervériz, fue un hombre cruel y despreciable.

ENTREGA DE MEMORIA HISTÓRICA DE CUMANÁ, QUE DESEARÍA HACER TODOS LOS DÍAS PARA IR CREANDO EL HÁBITO DE LECTURA DEL BOLETÍN


RAMÓN BADARACCO.:
Cronista de Cumaná
...
E General Piar fue condenado a muerte por un consejo de guerra el intrépido y brillante prócer de la Independencia (el día 15/10/1817). La sentencia fue cumplida, siendo fusilado en el muro de la catedral de Angostura un día como hoy; 16 de octubre de 1817.

El 8 de mayo de 1997, el senado venezolano trasladó simbólicamente el cuerpo del prócer, al PanteónNacional.


Batalla del Salado - Plano de Referencia


Navarrete - 1817
"Situación de la Ciudad de Cumaná"

El sobrino del Gran Mariscal, Don Juan Bautista Navarrete y Sucre, fue Cadete de Nobles Húsares de Fernando VII. A los 17 años hizo un plano de la ciudad de Cumaná y sus alrededores para los revolucionarios que se habían apoderado de Cumaná, referente al cruento ataque del jefe español José Tomas Boves.

El Plano original fue hecho en 1817, para explicar a los patriotas los sucesos de aquella cuenta batalla. Además de los detalles importantes señalados en el plano, se destaca el sitio donde quedaron los restos de los patriotas y españoles que perecieron en combate.

Los cadáveres de los patriotas quedaron expuesto en el campo de batalla, fueron recogidos por manos misericordiosas y enterrado en un cementerio que a ex profeso se construyó en el lugar donde ahora se encuentra el asilo de ancianos de la ciudad de Cumaná; ese cementerio funcionó hasta mediados del siglo XX.

por: Rommel Contreras

lunes, 15 de octubre de 2012

LA MUERTE DE ANDRÉS BELLO

Andrés Bello muere el 15 de octubre de 1865, en la ciudad de Santiago, a las 7:45 de la mañana, a la edad de 84 años, después de cuarenta y cinco días de angustiosa enfermedad, que empezó el 1º de septiembre, con una bronquitis. A la hora de su muerte, habían transcurrido 36 años de su vida en Chile, adonde había llegado el 25 de junio de 1829, procedente de Londres, a su edad de 48 años.

Muere como chileno, aunque no había renunciado a la nacionalidad venezolana, pues Chile le había nombrado ciudadano chileno. Y para recalcar su condición venezolana, Bello dejó en su poesía esta impronta de amor al lar nativo:

      Naturaleza da una madre sola
Y da una sola patria...En vano, en vano
 se adopta nueva tierra; no se enrola
 el corazón más que una vez; la mano
 ajenos estandartes enarbola;
 te llama extraña gente ciudadano...
 ¿Qué importa? ¡No prescriben los derechos
 del patrio nido en los humanos pechos!

Ya en Chile, sin olvidarse de los suyos, transcurriendo sus días llenos de nostalgias, recuerdos y añoranzas realiza su admirable obra de educador, civilista y libertador cultural, que lo proyecta a la posteridad como el “patriarca de las letras americanas.”

Chile le entrega la organización de su Estado, y en una dedicación total, configura Bello una tarea administrativa de grandes alcances, desde la Cancillería chilena y desde su curul de Senador. Frutos de esa incansable labor son el Código civil y su Derecho Internacional, complementada por una copiosa producción periodística, desde donde desarrolló diversos tópicos políticos, económicos y culturales de la vida diaria de su tiempo.

Chile le entrega su Universidad, y Bello la reorganiza y conduce durante 22 años de fecundo rectorado, hasta el día de su muerte, dejando una valiosa obra educativa, que se manifiesta en provechoso magisterio hacia sus numerosos alumnos, de significativa acción en la vida chilena. En su labor de universitario, culmina Bello sus numerosos estudios de investigación científica y humanística, que lo proyectan hasta hoy como educador, poeta, gramático, filólogo, filósofo, jurista, jurisconsulto, cosmógrafo, historiador, geógrafo, periodista.

Una vasta obra que hoy es patrimonio cultural de los pueblos hispanoamericanos.

Como un patriarca de los tiempos antiguos, rodeado de su esposa, de sus hijos – Bello vio morir algunos de ellos-, de sus alumnos, y de sobresalientes figuras de la vida chilena, que lo bienamaron hasta el final de sus días, muere Bello, en su residencia santiaguina. En el acto de su inhumación, Don Ignacio Domeyko, junto al cadáver de Bello, en el cemen­terio, expresó: "No es dado enumerar fríamente los inmensos méritos y servicios de Don Andrés Bello, que, si pudiéramos recordarlos todos, duda­ría la razón que en una sola vida, un solo hombre, pudiera saber tanto, hacer tanto y amar tanto".

Un sabio y un patriota, en su tiempo y para la posteridad.

Por:  Gilberto J. López

* foto (colaboración del Profesor H. Muñoz)   

viernes, 12 de octubre de 2012

El 12 de Octubre

El 12 de octubre de 1492 llegaron los españoles a las tierras que llamaron las Indias o el Nuevo Mundo, y que luego fue bautizada con el nombre de América. 

El hecho ha sido visto con diferentes significaciones. Para algunos fue descubrimiento, y se habla del descubrimiento de América, para otros fue el encuentro de pueblos diferentes, y, para otros, en fin, fue el acercamiento o el enfrentamiento de distintas culturas. 

Lo cierto es que ello significó el comienzo de un vasto proceso de conquista y colonización de los pueblos europeos contra los pueblos indígenas americanos, que estuvo caracterizado por el enfrentamiento, la lucha, la imposición, el robo, el homicidio, que a la postre condujo a la incorporación de los pueblos americanos a la llamada civilización judeo-cristiana o civilización occidental. 

Pero lo más significativo del hecho es la conformación de pueblos diferentes, donde jugó papel fundamental el mestizaje, es decir la mezcla por el imperativo biológico de tres grupos étnicos, el indio, el blanco y el negro, y, desde luego, la mezcla de culturas. 

Hubo, pues, el trasvase de sangres y de culturas, es decir de pueblos y sus costumbres, valores y concepciones de las cosas, en la que cada pueblo hizo su aporte. 

El español trajo el idioma, que los pueblos hispanoamericanos hicieron suyos, y lo han renovado y enriquecido para convertirlo en el pujante y extendido idioma español de hoy; trajo la religión católica, poderoso instrumento de dominación, el mejor aliado del conquistador de las nuevas tierras; trajo el derecho, fundamental herramienta para la imposición y la dominación, trajo el caballo y la pólvora, armas de guerra y terror para el indio. El negro aportó su mano de obra, vilmente explotada en condición de esclavo, y el indio, que casi fue barrido de la faz de su tierra, dejó su fundamental renglón alimenticio que es la arepa y el cazabe, la hamaca o chinchorro, que es la más deliciosa aportación indígena, el ture o butaca, la churuata, prodigio de arquitectura indígena, utilizada hoy como exótico adorno para reuniones y solaz entre amigos. 

Y todos ellos, indios, blancos y negros, con sus numerosos aportes culturales, religiosos, alimenticios, medicinales, vestidos, vivienda, instrumentos y herramientas diversos, expresados en usos, costumbres, valores y concepciones, es decir, modos de ser y hacer, conforman la América mestiza, una sola y diversa a la vez, que en distintos escenarios geográficos, con diversas materializaciones étnicas, etnológicas y etnográficas, con diversidad de grupos humanos, tradiciones y acontecimientos, de distintas significaciones en la nacionalidad de los pueblos americanos, que es el asiento de un vasto proceso socio-cultural de amplia participación e importancia en la dinámica del mundo de hoy. 

El 12 de octubre de 1492 fue el comienzo de la proyección de América, en el continente joven que es; hoy, con un papel de alta significación en la materialización de hechos signados por la búsqueda de la libertad, la democracia social y el bienestar colectivo. América, el continente de la esperanza.


por: Gilberto J. López